En el programa Mundo Empresa de T5 Satelital, María Gabriela Dellepiane y María Manuela Labandeira, fundadoras de La Pomona, relatan cómo este taller de cerámica ha evolucionado desde su creación. "La Pomona es un lugar donde trabajamos el barro con nuestras manos, un espacio para compartir y aprender", explica Dellepiane, quien destaca la importancia de la conexión emocional que se establece a través de la cerámica.

La Pomona no solo ofrece clases de cerámica, sino que también se ha convertido en un refugio para quienes buscan expresar sus emociones a través del arte. "La arcilla es tierra, y trabajar con ella permite a las personas conectarse consigo mismas", señala Labandeira. Este enfoque ha atraído a una comunidad diversa que encuentra en el taller un espacio de crecimiento personal y creatividad.

Ambas fundadoras comparten su pasión por la enseñanza y el arte. Dellepiane, docente y madre de cuatro hijos, redescubrió su amor por la cerámica tras un parate en su carrera. "Siempre quise compartir lo que sé sobre el trabajo con arcilla, y con el apoyo de mis amigas, empecé a dar clases en casa", cuenta. Su historia es un testimonio de cómo la dedicación y la pasión pueden dar lugar a un proyecto exitoso.

El taller ofrece una variedad de técnicas, desde modelado hasta el uso de moldes, permitiendo que cada participante cree piezas únicas. "No hay límites en la cantidad de piezas que uno puede hacer, y eso sorprende a quienes vienen por primera vez", afirma Labandeira. La Pomona también ha expandido su alcance a través de cursos online, permitiendo que personas de otras provincias y países se unan a esta experiencia creativa.

Con más de 100 alumnas y un compromiso con el bienestar emocional, La Pomona sigue creciendo y adaptándose a las necesidades de su comunidad. "Estamos armando un nuevo emprendimiento que se desprende de La Pomona y que también tiene que ver con el arte", anticipa Dellepiane.

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